Maribel Domínguez Duarte

No estás aquí, nos hemos despedido, sin embargo, de alguna manera permaneces conmigo.

Una cálida ducha ha relajado mis músculos tensionados.

No me cubre ya ese vestido que sé, que tanto te gusta y que me has quitado lentamente.

Me dispongo a entregarme a la madrugada que comienza a envolverme.

Tumbada en mi cama, cierro los ojos. El recuerdo de nuestra velada dibuja una leve sonrisa en mi rostro. Me siento aún más voluptuosa. Trato de relajarme. Acompañada por el sabor de tus besos, siento el contorno de tu boca, tu voz susurrante en mis oídos; todas tus caricias sobre mi piel. Aquellas fuertes manos rodeando mi cintura; tu mirada de complicidad clavada en la mía, descifrando los enigmas del deseo.

La agradable sensación de mi interior, algo dolorido, donde has estado: tus suaves y enérgicas embestidas, tu ferocidad y tu ternura, mi cuerpo sobre tu cuerpo, tu piel desnuda.

Apaciguado momentáneamente el deseo parece que va llegando la calma. Cualquier clase de actividad va remitiendo. Tan sólo tu nombre me acompañará en mis sueños. Auguro un feliz descanso.

Maribel Domínguez Duarte editará en mayo su primer poemario, Nombre de Mujer

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