Palomas

Cristina Vázquez

Cuatro ventanas y el zureo de palomas. Cuatro ventanas que apenas iluminan el cuarto empapelado con gruesas líneas verdes y moradas. Las cuatro ventanas tienen cortinas pesadas.

Aunque la habitación da a dos calles, la luz es escasa. Un lado da a una empinada y silenciosa, por la que no pasa nadie y el otro, al muro también de piedra de un edificio sin ventanas, con algunos huecos donde se refugian a dormir las palomas empotrándose de cara y dejando la cola al aire, como abanicos emplumados que adornan la desierta pared. Al amanecer saltan a los alfeizares de nuestras ventanas, y aunque estén protegidas por pinchos de hierro con alturas variables, empiezan a zurear al primer rayo de sol. Henry no las oye, si se tumba sobre el oído izquierdo el silencio para él es total, aseguraba que era una bendición ser sordo de un oído. Eso decía, pero yo no lo creo. (más…)

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