Los libros son las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra.

James Russell Lowell

Reseña de la novela ‘La catadora’, de Rosella Postorino

Krausendorf (la actual Kruszewiec), Polonia, año 1943. Un grupo de mujeres obedece las órdenes de los soldados de la SS. Tienen que comer todos los días los platos que prepara un cocinero llamado Krumel. Deben hacerlo sin rechistar. Tienen una misión importante que cumplir, quieran o no quieran. No son catadoras de un restaurante. Son las catadoras de Hitler. Y entre ellas está Rosa Sauer.

La catadora‘ (Lumen, 2018) es una novela histórica escrita por la italiana Rosella Postorino, ganadora del Premio Campiello 2018 y que narra unas experiencias basadas en la historia real de Margot Wölk, una de las mujeres que día a día arriesgaban su vida por el bien del Führer, por el bien de la Alemania nazi en la que a todo el mundo le gustan los niños.

Rosa Sauer es una joven con tendencias suicidas desde niña, un personaje que muestra desde dentro el lado más oscuro del ser humano y cómo es posible sentir la culpa del superviviente. Una culpa muy bien retratada en las casi 350 páginas de ‘La catadora‘, como en la película ‘La vida secreta de las palabras‘ (2005), dirigida por Isabel Coixet.

Y aunque tal vez Rosella Postorino no conozca la película de Coixet y esta relación con su novela, sí tiene que saber que el lector de ‘La catadora‘ pensará inmediatamente en ‘La lista de Schindler‘ cuando Rosa Sauer mire a través de una ventana de Krausendorf al teniente Albert Ziegler. O en ‘El fotógrafo de Mauthausen‘, dirigida por Mar Targarona, otra película en la que el color que más resalta entre los grises es el rojo.

El rojo de las banderas nazis. El rojo del jersey y del sombrero de una mujer joven, rubia, que camina de espaldas a la cámara, durante la película protagonizada por Mario Casas. El rojo del abrigo que llevaba de niña la actriz Oliwia Dabrowska en ‘La lista de Schindler‘. El rojo de la manzana de la portada de ‘La catadora‘.

Pero en esta novela no se fabrican balas ni se hacen fotografías de cadáveres, sino que se roba leche para niños pequeños o se echan las cartas para adivinar el futuro del Führer, se vive la miseria de que alguien sea capaz de encerrarte y dejarte morir aunque aporrees la puerta pidiendo salir, y al mismo tiempo compartir la frivolidad de la baronesa Maria von Mildernhagen en su castillo. Y aquí un inciso: quien escribe esta reseña de ‘La catadora recomienda leer el ensayo ‘El pecado de los dioses: la alta sociedad y el nazismo‘, al tiempo que se pregunta si Rosella Postorino lo ha leído.

Pero volviendo a la crudeza de esta gran novela: ¿cómo es posible levantarse cada día, después de que te lleven por la fuerza de la casa de tus suegros, Joseph y Herta, con tu marido (llamado Gregor) luchando en la guerra sin saber si va a regresar, y comer obligada todos los días sin saber si dentro de una hora los efectos del veneno con el que alguien quiere asesinar a Hitler te matarán, pero así lo salvarás a él?

La narración de ‘La catadora‘, su estilo, es muy crudo, es muy duro, muy frío. Triste como la atmósfera de Krausendorf, donde las mujeres se dividirán en bloques, en grupos, a la hora de sobrellevar la vida diaria de arriesgar tu vida por Hitler, que vivía a unos 3 kilómetros de distancia, en su Guarida del Lobo situada en Rastenburg.

Pero es muy bueno, muy potente, imaginar a ese grupo de mujeres, algunas pertenecientes a familias que nunca fueron nazis y otras fanáticas y fieles servidoras del nazismo, comer jornada tras jornada, masticar o sorber los purés o los dulces que poco después debía comer Hitler, que como tan bien y de forma tan directa se recoge en esta novela, tenía miedo a que lo envenenaran, pero él mismo se lo estaba haciendo.

Tan bueno y tan potente que el lector no sabrá si culpar a Rosa Sauer (o a Ulla y sus coqueteos) por su comportamiento o si sentir pena por ella. Su marido está lejos, en la guerra, y ella, invitada por la baronesa a su castillo para disfrutar de una fiesta, acude con un bonito vestido. Su marido está lejos, en la guerra, y ella se enamora de Albert Ziegler, un teniente al servicio del Führer y responsable de las instalaciones donde están las catadoras, primero con la posibilidad de volver cada día a sus hogares, después encerradas prácticamente toda la semana.

¿Es posible el amor a 3 kilómetros de La guarida del Lobo? ¿Es amor real o supervivencia egoísta? ¿Cabe la amistad entre las mujeres que cada día pueden morir por Hitler sin querer hacerlo? ¿Se puede ir al cine y disfrutar de una película y del flirteo escondiendo tu condición de catadora? ¿Se puede ser fiel o infiel a un marido que ya no es un marido, sino un nombre, un mero recuerdo?

¿Se puede justificar cualquier acción diciendo que solo fue un sueño? ¿O tenemos que mentirnos y decirnos que solo fue un sueño para poder sobrevivir al horror, a ser un sirviente directo de Hitler? ¿Queda algún resquicio de humanidad en Rosa Sauer tras su paso por Krausendorf?

La catadora‘ es una magnífica novela con la que, durante y después de su lectura, hay que hacerse todas estas preguntas y unas cuantas más. Y llegar a alguna conclusión, como darse cuenta de que Hitler era un hombre que se tiraba pedos y cagaba como cualquier otro, un ser humano, no un extraterrestre venido de otro planeta. Tan real como cualquiera de nosotros. Todo lo contrario, desgraciadamente, a un sueño. Porque el nazismo no fue un mal sueño.

Rosa Sauer no soñaba cuando ingería la comida que después tenía que comer el Führer mientras llevaba al mundo al abismo, salvando su vida casi de forma milagrosa en el verano del 1944, cuando el coronel Claus von Stauffenberg quiso asesinarlo con una bomba dentro de un maletín, pero no lo consiguió. Rosa Sauer no soñaba cuando amaba a un teniente nazi.

Rosa Sauer no soñaba, no, como tampoco lo hacía Margot Wölk. Quizás después del III Reich quienes lo vivieron desde prácticamente sus entrañas perdieron la capacidad de soñar más allá de durmiendo, la capacidad de cantar, la capacidad de ser humanos. Porque el III Reich es quizás el ejemplo más claro de cómo siendo humanos, se pierde por completo la humanidad, asesinada en un tren, en un campo de concentración, en un pequeño agujero cavado en un bosque.

La catadora‘, en definitiva, es una espléndida novela. Tan real hasta el punto de que da miedo. Pero hay que leerla, tenemos la obligación de hacerlo.

Silencio… y acción

Carolina Olivares

—Silencio y… ¡Acción!

—Dios mío, qué sensación me invade —pensó mientras se forjaba en su interior un desconocido y nuevo sentimiento—. Nunca imaginé que ocurriría, al menos no aquí. Porque en este mundo… Esto no ocurre… O eso creí hasta ahora. leer más…

O repaso

Evangelina Hermida, “A Trovadora da Frouxeira”

Evangelina cumple hoy 12 de febrero los 88 y además de haber sido lavandeira, percebeira, cocineira, fruteira y de todo, es la mujer más sana que conozco, por dentro y por fuera. Un brindis a esta genial vate, que escribió hace años esta chufla que sigue de absoluta actualidad. Os pongo abajo la traducción, aunque se entiende.

Imos a darlle un repaso
aos asuntos do goberno
que co seu trejemaneje
téñenche parte co demo.
leer más…

Y vio Dios que no era tan bueno

Eva Barro García

La serpiente había sido hecha por Yavé con dos características sobresalientes: la belleza de su piel, repujada de escamas de colores vivos, y la astucia. Sabía que no era lo suficientemente lista para llegar a comprender los designios divinos pero sí le llegaba la inteligencia para reconocer a los humanos como superiores a ella y tal vez sus aliados en el futuro en contra del Dominador Supremo. leer más…

Un buen momento

Maribel Domínguez Duarte

No estás aquí, nos hemos despedido, sin embargo, de alguna manera permaneces conmigo.

Una cálida ducha ha relajado mis músculos tensionados.

No me cubre ya ese vestido que sé, que tanto te gusta y que me has quitado lentamente. leer más…

La tierra del fuego y del hielo

Carolina Olivares

Antes de proseguir sí quisiera deciros que, a mí, particularmente -que he tenido el privilegio de haberlas visto en Islandia y con anterioridad en Noruega- me gustó mucha más la única que pude ver en Noruega que las que he avistado en Islandia.

Algo que debemos saber acerca de las auroras boreales es que, desde el planeta Tierra, no es posible avistarlas salvo que estés en países o zonas cercanas al Círculo Polar Ártico o por encima de él. Por tanto mira en un globo terráqueo cuáles son esos lugares. leer más…

#evateescucha

Chiqui Lorenzo

Bueno, la verdad es que me dolía todo el cuerpo, para qué nos vamos a engañar. La pelea había sido de las buenas, de las que me gustan, pero cobrar, lo que se dice cobrar, había cobrado bien. Y ya sabes: si después de los cuarenta te levantas y no te duele nada, es que te has muerto. Así que me ahorré el trámite de mirarme en el espejo y despegué como pude el cuerpo del asqueroso eskai del sofá mientras la megafonía ladraba mi nombre una vez y otra vez. La antesala del Infierno, pensé vagamente mientras me dirigía al despacho del Jefe. leer más…

Durante Maria

Annesdy Tellado

Esa mañana entró con su máxima fuerza, sus vientos, acompañados de agua que entraba por la pared. Sintió un inmenso miedo, nunca había visto algo igual, mientras que sus padres no dejaban de secar el suelo, el pequeño abría lentamente la ventana.

Para su sorpresa veía como los arboles a sus alrededores caían tras evidentes vientos de este sistema, a la vez podría observar como los techos de las casas de maderas de su barrio caían en las calles y en los patios vecinos.

“Uno de esos techos debe ser el de mi casa”

El chico comenzó a llorar, ya que el huracán María le había arrebatado su hogar, el espacio donde se sentía seguro, protegido. Donde muchas risas compartieron la familia y correcciones para aprender.

–Alejandro, no quiero que veas por la ventana –dijo su abuela mientras que cerraba la ventana.

–Ya no tengo casa, abuela –dijo Alejandro mientras que la abrazaba.

– María se llevó tu casa, pero tus memorias ningún huracán te las podrá arrebatar jamás. –Palabras sabias de una anciana, que cuando Alejandro creciera iba poder entender y valorar.

La abuela se mantuvo abrazando a su adorado nieto. Mientras que el huracán María continuaba soplando con toda su furia en Puerto Rico, la única emisora que se encontraba al aire a la vez de este evento atmosférico, comenzó a emitir un aviso, uno que sorprendió a la familia toabajeña.

“Boletín de emergencia, para todo Puerto Rico, ríos salidos de su cauce, precaución para los siguientes pueblos ………… y Toa Baja, el río La Plata fue salido de su cause y el lago… de Levittown…”

Luego siguió mencionando en el idioma inglés, pero no servía para mucho el mensaje, la señal iba y venía. Los vientos fueron bajando de intensidad, la familia fue a descansar, ya que tuvieron todo un día, tratando de salvar la casa de abuela Silvia, el lugar más seguro de la familia. Además no había mucho por hacer, sin luz, sin agua, sin señal, solo la vida. Alejandro se despertó de madrugada y observó que el agua le llegaba hasta su cintura. Comenzó a gritar y a despertar a su familia, su padre no le brindó importancia, pero su madre se bajó de la cama para ver que le pasaba a su chico, cuando ella sintió y observó como el agua estaba subiendo, despertó a su esposo. La madre tomó el niño entre sus brazos y despertaron a la abuela y subieron al segundo piso, a la casa de madera donde Alejandro vivía junto a sus padres. La adrenalina hizo que no tuviera oportunidad de llorar la casa de madera que el huracán María acaba de destruir. El agua seguía subiendo, y los vientos eran todavía fuertes, ellos simplemente cerraron los ojos y su madre apretó con fuerza al pequeño Alejandro.

–Siempre te amaré.

Como sacado de una película de ciencia ficción, bajó de los cielos un helicóptero y pudo salvar a la familia completa. Mientras que iba volando Alejandro se mantenía abrazando a su madre. Al bajar el helicóptero, un hombre de la Guardia Nacional levantó al pequeño entre sus brazos.

–Este es el fin del mundo, este es el fin del mundo –gritaba Alejandro.

La Guardia Nacional los llevaba juntos a los demás miembros de la familia a su nuevo hogar indefinido, hacia el refugio, la escuela más cercana, hasta que Puerto Rico volviera a la “normalidad”.

Carta de Papá Noel

Rovaniemi, 12/12/2017

 

Querida, estimada y nunca bien ponderada hija mía[1]:

Una larga serie de inconvenientes me van a dificultar este año la entrega de los regalos acorde al planning que llevábamos todo el año elaborando.

Ya a finales de 2016 tuvimos serios problemas con el Sindicato de Duendes; pase que reivindiquen mejoras salariales, eso lo entiendo, pero lo que no puede ser es que exijan las vacaciones en Navidad, ya que son los únicos días del año en que trabajan. leer más…

Hasé el favó de abrirme la puerta!

Anchoíta del Cantábrico

-Toc, toc, toc -Llamaron unos nudillos con insistencia.

-¿Sí? ¿Quién llama?

-Hase el favó de abrirme la puerta, que soy yo, el pecador de la pradera.

-¿Pecador? -preguntó extrañada la persona que custodiaba la puerta-. Perdone usted, pero no le voy a poder abrir… leer más…

El teléfono de Marga

José Carlos Peña Gª del Pozo

Cuando Marga se marchó sin avisar ni despedirse, dejó abandonadas algunas pertenencias en casa de Félix: dos blusas, un libro, un viejo teléfono móvil y una gorra de cuadros que él le había regalado la tarde que se conocieron. Dejó también una carta muy larga que él prefirió no leer, imaginando de antemano la retahíla de recriminaciones con las que ella justificaba su decisión de romper. (más…)

Palomas

Cristina Vázquez

Cuatro ventanas y el zureo de palomas. Cuatro ventanas que apenas iluminan el cuarto empapelado con gruesas líneas verdes y moradas. Las cuatro ventanas tienen cortinas pesadas.

Aunque la habitación da a dos calles, la luz es escasa. Un lado da a una empinada y silenciosa, por la que no pasa nadie y el otro, al muro también de piedra de un edificio sin ventanas, con algunos huecos donde se refugian a dormir las palomas empotrándose de cara y dejando la cola al aire, como abanicos emplumados que adornan la desierta pared. Al amanecer saltan a los alfeizares de nuestras ventanas, y aunque estén protegidas por pinchos de hierro con alturas variables, empiezan a zurear al primer rayo de sol. Henry no las oye, si se tumba sobre el oído izquierdo el silencio para él es total, aseguraba que era una bendición ser sordo de un oído. Eso decía, pero yo no lo creo. leer más…

Pero hombre… si es que no se puede ser tan tonto

Carolina Olivares

Camino del centro comercial iba feliz, disfrutando de la caminata e imbuida en mis pensamientos.
La mañana radiante y soleada acompañaba a los madrugadores como yo.
Y paralela a la carretera continuaba mi andadura hacia el destino final. leer más…

Superhéroe sin capa

Marta Valero

Lo más duro fue despedirme de mamá. El momento en que ella, con lágrimas en los ojos, me susurró: “él te necesita”. Palabras que, por primera vez, comprendí. leer más…

Una carta de despedida

Sol Pérez Muñoz

Me alegraría que a la llegada de esta carta te sintieras todo lo sola que te mereces, y que estés para siempre en el olvido de todos/as.

En primer lugar te diré que te escribo esta carta desde la fría celda a la que me has empujado, para decirte que nuestra relación ha terminado. leer más…

El horizonte siempre igual

Enrique L. Beceiro

¿Hay algo más triste
que un punto negro
en mitad de un círculo?

Yo he sido
ese punto negro,
perdido
en la náusea
de un infinito
limpio. leer más…

Noches de verano

Félix Martínez Martínez

Esta historia era muy común de todos los pueblos de España pero no por ello deja de ser interesante, pues lo que yo he querido reflejar es la buena sintonía y gran amistad que reinaba en los pueblos y las noches en que los vecinos se sentaban a tomar el fresco en la puerta de las casas y se formaban tertulias que ahora no se llevan y cuando se vive de pequeño las recuerdas con más cariño. Vale la pena recordar. leer más…

El único que sabe cómo late tu corazón

Carolina Olivares

No era nada, y de repente, he iniciado el camino con el objetivo de convertirme en un todo.
Me estoy multiplicando sin cesar. El lugar que me acoge es acuoso y cálido.
Me gusta, es agradable para mí estar aquí.
Estoy dentro de un micro mundo, estoy creciendo, poco a poco al principio. leer más…

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