Enrique L. Beceiro

Vino
y se ha ido
el estío.

Otra vez, el aire
cose
agujas de fino vidrio.
Y un árbol vecino
se va desnudando
con gesto aburrido.
La tierra
se estremece de frío.
Y grita
el viento,
corriendo con largas zancadas
de poseído.

Pero ya estás conmigo
Y así…
el aire es nuevo,
sin zurcidos,
suda la tierra y el viento,
el viento descansa en su nido.

San Saturnino, septiembre de 1955

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