Alfonso García Gil-Díaz fallecía a los 24 años, tras luchar durante trece contra el cáncer. Y si alguien piensa que perdió la batalla, es que no ha leído este libro.

Alfonso nunca se rindió, ni en los peores momentos. ¿De dónde salía esa fuerza sobrehumana, que asombró hasta a los propios médicos? Del amor. De las ganas de reir. De la necesidad imperiosa de ver felices a los suyos.

Comprando hoy este libro, estás echando un cable a su hermana Mónica, un eterno bebé que, gracias a él y sus padres, sólo conoce la cara amable del mundo.

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